martes, 30 de julio de 2013

BAILE DE LA CULEBRA



LA CULEBRA  DE  IPURE





Es una manifestación cultural de origen indígena, se celebra en el Estado Monagas  específicamente en el Municipio Acosta, ciudad de San Antonio de Capayacuar.

LEYENDA 


 Cuenta la leyenda que en tiempos antiguos sólo un manantial, donde los indios iban a buscar agua, y un día una pareja de niños fue en busca de agua y una culebra se traga a uno de ellos, al saber la noticia el brujo de la zona, hizo un conjuro y sacó la culebra del agua, partiéndola por la mitad para sacarle a la niña, los padres de los niños se llevaron el cuerpo sin vida para velarlo , al regresar al lugar, notan que la culebra no estaba, y que en su lugar se encontraba una laguna.
                                                       
           CUENTAN LOS ABORÍGENES

Los indígenas chaima, nación a la cual pertenecía la tribu de los capaya, pobladores de las regiones que hoy ocupan San Antonio, Ipure, El Rincón, el antiguo San Francisco, y otros espacios del municipio Acosta, acuñaron como pieza fundamental en su cosmovisión a la serpiente. Fue tan importante que llegaron a clasificarla: equey o aqui (culebra común), equey tenenucren (culebra pintada: coral y rabo amarillo), tunargaquén (serpiente de cascabel), vetún (culebra vaheadora, que adormece), canacua (anguila), yuta (culebra grande: tigra, macaurel), equeymá (serpiente gigantesca), tenía dos acepciones, en la tierra es la inmensa y terrorífica serpiente moradora del fondo de las lagunas, pozos y casimbas, a los cuales protegía con su vida. Matarla es secar la fuente. Es la impresionante y temible equeymá terrestre; en la concepción de la vida y de la muerte, es la inconmensurable serpiente irisada que se comba y lleva sobre su sedosa y caleidoscópica piel el alma (rinón) de los chaima cuando mueren, desde la tierra hasta las manos de Amanaroca, su modelador, para que las entregue al Todopoderoso Ziz. La culebra de Ipure, pues, está enmarcada dentro de la más genuina cultura primigenia chaima. No es un mito, como la asume la versión común de una visión vulgar y repetitiva.

Una leyenda tal vez, creo que muy poco deformada. La tradición ha mantenido la narración oral por un tiempo incuantificable, conservando hasta el nombre de la familia protagonista de los hechos: Una pareja de niños de la familia Taya fue por agua a la cercana laguna de Ipure, taparas en mano.

Cuando, inclinados a orillas de la misma, llenaban los recipientes, emergió, súbito, la descomunal cabeza; un borbollón de espumas encrespó las aguas y la mole furiosa que emerge a medias y se sumerge con la niña prendida a las fauces. El hermanito vuelve despavorido y cuenta en la ranchería la pavorosa experiencia. Se organiza una partida con el piache al frente y rastrean el fondo hasta encontrar al gigantesco animal adormitado; lo degüellan y lo izan; fuera le abren el vientre y le extraen a la niña muerta. Esto sucedió en Ipure, aledaño a San Antonio de Capayacuar. A partir de ese momento, cada año y por la misma fecha, se conmemoraba el suceso conformando una serpiente humana, distribuyendo un grupo de indígenas de mayor a menor y luego se ejecutaba una danza quejumbrosa y doliente, simulando absolutamente todos los detalles del hecho. Llama la atención que, siendo esta danza la expresión de un suceso trágico con la enorme carga de dramatismo que supone, la letra que se versifica y canta sólo sea una oda a una serpiente minúscula e inofensiva, asignándole, de paso, una peligrosidad que en nada posee. Ni las más ligera alusión al discurso legendario que motiva esta danza, se reseña, lamentablemente, en la pieza.


LA DANZA


Se seleccionan y preparan veinticinco muchachas de diferentes estaturas, siendo las últimas cinco muy pequeñas.

Hacen una cadena colocando cada una sus manos sobre los hombros en la que la antecede. A medida que la danza se desarrolla las participantes van ejecutando los movimientos que hacen las culebras al reptar; luego se enroscan, se desenroscan rítmicamente; simulan el atrapar y engullir a la niña, y en algunos casos de buenas coreografías, la muerte del animal y la recuperación de la víctima. Todo depende de quien dirija el montaje y de quien idee la coreografía.



EL VESTUARIO


Las primeras veinte danzarinas visten blusas amarillas y faldas amplias negras con bordes amarillos; las últimas cinco, que representan la cola, van con blusas y faldas sólo amarillas. De igual manera acostumbran vestir los músicos que acompañan el espectáculo.

Imagino que lo mismo pudieron hacerlo imitando a la coral, con trajes negros y rojos, en vez de la rabo amarillo; porque, todo hace presumir que lo que se buscaba eran efectos de colorido, los cuales muy bien se pueden sacar de los movimientos; porque no vemos la necesidad de sacrificar la lógica en aras de un efecto estético, teniendo a mano, sin esfuerzo alguno, el enorme potencial del conjunto de los elementos lógicos. Una rabo amarillo no pasa de medir unos 60 centímetros; regálele hasta un metro; a eso se agrega que es una culebrita inofensiva, la cual, según las consejas, se dedica a cuerear a las mujeres embarazadas en las orillas de los caminos o de los ríos y más nada; por su boca, abierta de par en par, no pasa, por mucha que sea la pretensión de su parte, una que otra rana y unos incautos ratones. La culebra debió ser una tremenda culebra de agua; bellas por cierto, de un tan fino como elegante estampado con las más sutiles y hermosas tonalidades o variantes del marrón. Así debía ser el traje.


LA MÚSICA





El hecho fue luctuoso y el alma indígena es altamente sensible y propensa a la melancolía, por eso su música, por lo general, era y es el mare-mare o matachí, no importa que la cosa esté pasando en una comunidad kariña, inventores de este ritmo, o en los palafitos warao o en lo profundo de los montes chaima. El contacto criollo ha sincretizado no sólo los instrumentos, si no también el ritmo original de este baile ritual. De lo aborigen quedaron los carrizos y el cacho y a veces hasta el ciriaco y la guarura; de lo criollo se colaron el cuatro, el tambor y hasta mandolinas y guitarras hemos visto ejecutar en estos eventos.

La danza se va desarrollando a medida que alguien va cantando una serie de versos, de los cuales existen varias versiones de diferentes autores. También existen varios grupos que son propiamente fundaciones con el nombre de La culebra; pero el más reconocido y respetado, con mayor tradición y constancia es, al decir de los entrevistados, el que dirige la señora Columba Rodríguez, la matrona de La culebra.

Es oportuno recordar que ésta es una de las tres piezas verdaderamente folclóricas y de paso aborígenes, con las cuales cuenta el estado Monagas, a pesar de que los versos, en todas las versiones, tienen autoría.
Los versos:

¡Oh pueblo de San Antonio

te venimos a saludar,

con el baile de la culebra

que te vamos a presentar!.

El conjunto está formado

de catorce tocadores,

y la culebra vestida

de dos bonitos colores.

Esta culebra se baila

con bastante signatura,

porque ella está compuesta

de veinticinco coyunturas.

Yo le puse a esta culebra

nombre de rabo amarillo,

porque cuerea con el rabo

y muerde con los colmillos.

Si esta culebra los muerde

no la vayan a matar,

porque usted no paga el precio

de lo que pueda costar.

Culebra rabo amarillo

yo te pensaba matar,

pero yo te tengo miedo

porque te vas a enrollar.

Culebra rabo amarillo

¿por qué estás en ese estado?

enrollaste la cabeza

también enrollaste el rabo.

Esta culebra de Ipure

venimos a presentar,

ya que se encuentra enrollada

se puede desenrollar.


Columba De Rodríguez
Patrimonio Cultural Viviente
Agustín Bello
Patrimonio Cultural Viviente

¡En el siguiente video podrás observar 
una coreografía alternativa para montar el baile de la culebra!

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